El post de esta semana está escrito por Luis Joaquín Lancharro, experto BIM en instalaciones. Colaborador en el modelado de la Ciudad de la Justicia de Córdoba.

A lo largo de los años constaté en multitud de ocasiones que las instalaciones eran tratadas como el “el hermano pobre de la construcción”.

No eran valoradas en su justa medida, tal vez porque tenemos la “mala costumbre” de no medir. Quiero decir (poniendo un ejemplo), que en una instalación de agua caliente, la prueba de su buen funcionamiento es abrir el grifo y comprobar que sale el agua caliente. No medimos ni temperatura ni caudal ni presión (salva extrañas ocasiones).

La propuesta de diseño (proyecto) respecto a lo construido posteriormente podía parecerse muy poco, ya que era en obra en donde se tomaban las verdaderas decisiones.

Cada instalador, conforme iba llegando su turno de trabajo, iba montando su correspondiente instalación, resolviendo los inconvenientes que se iba encontrando por el camino. De manera, que cuantos más instaladores iban pasando por un punto, el galimatías que se iba conformando iba en aumento y el último se las veía y se las deseaba para introducir sus conductos, tuberías o cables por donde podía.

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